Durante los meses de febrero y marzo, nuestros/as usuarios/as han participado en sesiones de ejercicio al aire libre, tanto grupales como individuales, guiadas por el fisioterapeuta y acompañado de voluntarios/as.
La actividad física regular, especialmente de intensidad baja o moderada, favorece el envejecimiento activo, mejora la fuerza, la elasticidad y ayuda a ralentizar el deterioro cognitivo. Además, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular.
A nivel emocional, el ejercicio potencia el bienestar, mejora la memoria, la concentración y fomenta valores como el compañerismo y el trabajo en grupo.
El entorno natural aporta beneficios adicionales, como la mejora del estado de ánimo, la reducción del estrés, mejor descanso y mayor exposición a vitamina D. Estas actividades son especialmente positivas para personas con Alzheimer y otras demencias, ayudando a disminuir la ansiedad y mejorar su calidad de vida.
Esta actividad forma parte del Programa de Terapia Física en la Naturaleza, subvencionado por la Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia, dentro de la convocatoria de Programas de Envejecimiento Activo

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