La enfermedad > ¿qué es?

En noviembre de 1906 Alois Alzheimer, en una reunión de psiquiatría, presentó el primer caso de esta enfermedad que lleva su nombre en una mujer de 51 años que había desarrollado en poco tiempo y de forma progresiva, pérdida de memoria, desorientación, afasia, apraxia, agnosia y muerte. Por primera vez, al hacerle la autopsia, encontraron en su cerebro las alteraciones neuropatológicas características de esta enfermedad y, cuatro años más tarde, se calificó a ésta de demencia presenil..

Con el tiempo, se ha comprobado de que es una enfermedad edad-dependiente, de ahí que con el aumento de la esperanza de vida, aumente la incidencia de esta patología. 

La causa, hoy por hoy, es desconocida. Aunque cada vez más, se acepta la teoría con base genética. Los estudios, en esta línea, están muy avanzados y encaminados, no sólo al tratamiento del enfermo diagnosticado, sino para aquellos familiares en los que exista sospecha de predisposición familiar.

    La incidencia de demencia en el mundo occidental es de alrededor de 1/1000 habitantes/año. En los mayores de 65 años el 1% anual.

    La prevalencia de demencia en el mundo occidental es:

  • Mayores de 62 años: 5 - 10%

  • Mayores de 80 años: 20 - 50%

La enfermedad > Clínica

Los síntomas y manifestaciones de la enfermedad de Alzheimer son muy variados, dependiendo, sobre todo, de la fase en la que se encuentre el paciente.

    El paciente o los familiares suelen acudir al médico, en principio, por alteraciones de la memoria o síntomas depresivos Es muy difícil reconocer el inicio de la enfermedad, y puede pasar desapercibida durante algún tiempo. En esta primera fase, nos encontramos además, una alteración en las tareas cotidianas, falta de interés por determinadas actividades, en ocasiones existen trastornos del sueño o del comportamiento. En este momento, tenemos que ser cautelosos e intentar averiguar si estos síntomas son debidos a la enfermedad u obedecen a cambios propios del envejecimiento.

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Si seguimos el curso de la enfermedad, las alteraciones de las funciones cognitivas (funciones del conocimiento) van siendo más importantes y evidentes para las personas que rodean o conviven con el paciente. Nos encontramos alteraciones en el lenguaje, alteración  en los  gestos (apraxias), tiene dificultad para el reconocimiento de cosas y personas (agnosias).

    Con el tiempo, el paciente tendrá la capacidad psicomotora alterada; tanto el lenguaje como la comprensión empeorarán, dando lugar a que la comunicación con sus familiares y sus cuidadores sea cada vez más difícil, con fases de irritabilidad y agresividad.

    En fases más avanzadas, los déficit interfieren en las actividades de la vida diaria, de tal manera que son incapaces de comer, vestirse solos; se pierde el control de los esfínteres, la alimentación es cada vez más difícil... Con el tiempo, el paciente adopta posturas rígidas y en flexión de los miembros, pueden aparecer mioclonías (movimientos de sacudida involuntarios). La causa más habitual de muerte son las infecciones respiratorias.

    Se utilizan para graduar al paciente (GDS, FAST)

La enfermedad > Diagnóstico

La enfermedad carece de marcadores biológicos, por lo que el diagnóstico se hace a través de la historia clínica y pruebas complementarias. Al paciente se le debe realizar una historia clínica completa en la que importa mucho la información de alguien cercano.

   Se realizarán baterías de test que comprenden los aspectos neurológicos y psicológicos, para contrastar la existencia de deterioro cognitivo, examen neurológico completo y pruebas complementarias, como de neurología e imagen cerebral y análisis de sangre. El diagnóstico definitivo sólo se puede realizar a través del examen neuropatológico; es decir, por biopsia cerebral (no se realiza en la práctica clínica) o autopsia.

    Los criterios diagnósticos más utilizados en la actualidad son los propuestos por el Instituto Nacional de Enfermedades Neurológicas y Trastornos de la Comunicación e Ictus (NINCDS), la Asociación de Enfermedad de Alzheimer y trastornos Afines (ADRA) y los de la Asociación Americana de Psiquiatría (DMS-IV).

La enfermedad > Tratamientormedad > Tratamiento

En el tratamiento de un enfermo de Alzheimer, se deben establecer dos  líneas que se complementan. El tratamiento farmacológico y el no farmacológico.

  • Tratamiento farmacológico: Se debe tener en cuenta y evitar todos aquellos fármacos que pueden causar o aumentar el deterioro cognitivo de los pacientes (el profesional que trate al paciente se encargará de revisar esos fármacos).

    Síntomas cognitivos: Hoy por hoy,  no existe un tratamiento curativo. El objetivo del tratamiento actual es intentar detener y retrasar  la progresión de la enfermedad. En esta línea, se encuentran fundamentalmente los anticolinesterásicos (Tacrina, donepezilo y rivastigmina) y otros (nootropos y neuroprotectores, antagonistas del calcio, antioxidantes, etc.).

    Síntomas no cognitivos: Se trata de un tratamiento sintomático y, a cada paciente, se le prescribirá el fármaco adecuado, según la sintomatología que presente (la más frecuente es la depresión, ansiedad, trastornos del sueño, etc.).

  • Tratamiento no farmacológico: Es un tratamiento multidisciplinar, en el que se debe abarcar, tanto la atención al paciente, como a su cuidador o familiar.
    Respecto al paciente, sobre todo, en las fases  leves, moderadas de la enfermedad, se debe realizar tratamiento de estimulación cognitiva y física para intentar retrasar lo máximo posible la evolución de la misma.

    El mundo científico, no solamente se preocupa por encontrar la curación de la enfermedad, si no de encaminar las investigaciones hacia la prevención de una patología como la enfermedad de Alzheimer en la que podemos encontrar una base genética.

Asociación de Familiares y Amigos de Enfermos de Alzheimer Alicante
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